Las estafas inmobiliarias suelen aprovechar la emoción: una vista atractiva, un precio urgente, una reserva rápida o un vendedor que insiste en que “queda solo un lote”. Antes de transferir dinero, cambia el foco: no mires solo la postal, revisa la carpeta legal y comercial.
Una parcela puede verse real en fotos y aun así tener problemas: no estar correctamente subdividida, venderse como cesión de derechos, no tener acceso claro, no coincidir la superficie ofrecida con los documentos o pertenecer a alguien distinto del supuesto vendedor. Por eso, la primera regla es simple: ningún pago relevante sin documentos revisables.
El objetivo no es asustarte, sino ordenar el proceso. Comprar una parcela puede ser una excelente decisión si se hace con información, visita y respaldo documental.